El Hinduismo

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El hinduismo, se ha mantenido como la religión más importante de la India, y que se hace presente en numerosas obras literarias, filosóficas y religiosas que fueron compuestas entre la indicada fecha y nuestros días. Cabe mencionar el Mahabharata y de forma especial la Bhagavad-Gita, exponentes de primer orden del hinduismo.
El hinduismo reconoce los dioses del Vedismo y del Brahmanismo, pero esos dioses han sido reducidos de categoría, a funciones subalternas, y la primera plana del panteón hinduista está ocupada por dioses o diosas desconocidos en la época védica o de segundo rango.
La característica más sobresaliente de la mitología india clásica es la coexistencia, en un mismo plano teórico de la denominada trimurti “las tres formas” constituida por tres grandes deidades; Brahma (el creador), Vishnu (el conservador), y Shiva (el destructor); y sus consortes; Saravastî, Lakshimî y Pârvatî respectivamente.

Brahmá; es el dios creador del universo, es aquel que se supone como el primer ser creado por el Brahman, e incluso como la primera personificación del absoluto Brahman, mediante la cual el Brahman crea todo.

Brahmá es el esposo de Sáraswati (la diosa del conocimiento) y de Savitrī (la hija del dios de Sol, Vivasuán Savitrá), también llamada Gaiatrí (‘la cantada’; uno de los mantras más importantes del hinduismo). Sin embargo, siendo el Creador, todos sus hijos son mana-putra o hijos de la mente, indicando su nacimiento de la mente de Brahmá y no de su cuerpo.

Es considerado el padre de Dharma (el dios de la religión), aunque nunca se volvió objeto de adoración: en India sólo hay dos templos dedicados a él.

Brahmá es representado tradicionalmente con cuatro cabezas de barbas blancas (símbolo de la sabiduría), cuatro brazos y piel roja (o amarilla, más modernamente). Cada boca recita uno de los cuatro Vedas. Las manos sostienen un recipiente de agua usado para crear la vida, un yapa-mala (collar de cuentas) usado para llevar el registro del tiempo del universo, el texto de los Vedás escritos en papel (un anacronismo, ya que los libros son más modernos), y un padma (flor de loto). Va montado sobre un cisne, Jansa, con el que vuela por el universo.

Vishnu paso a una categoría superior hasta absorber a Indra y a las divinidades y héroes famosos; más tarde se impuso al propio Brahmá. Se le representa en forma humana, como un hermoso joven sonriente de piel azul intenso, cuatro brazos y tiara en la cabeza; cabalga sobre el águila celeste Garuda y reposa sobre la serpiente de mil cabezas, símbolo de lo infinito.

Cuando en el universo se producen males o se viola la ley divina, Vishnu lleva a cabo “descensos” periódicos (en sánscrito, avatara, de la que deriva la palabra “avatar”) a la Tierra, que según la tradición alcanzan el número de diez; los primeros se produjeron bajo apariencia animal (pez, tortuga y jabalí) y el resto con aspecto humano; sin duda, los avatares que gozan de más popularidad en la India son Krishna Râma.

Shiva es el dios de la tempestad, señor de la lluvia y de la tormenta, que distribuye desgracias y fortuna; recibió el calificativo de Shiva, el benéfico, por una parte, de su naturaleza; se transformó en el destructor por sus características maléficas y mantuvo el nombre, algo paradójico, de Shiva, con olvido total del primitivo. Indiferente a los placeres es adorado en todas partes como principio de generación bajo la apariencia del ligam o falo, lo que indica la proximidad del poder generador a la muerte. Absorbió un gran número de mitos autóctonos, de deidades locales, de rituales mágicos primitivos; se transformó en la divinidad suprema de las escuelas shivaítas.

Varuna la majestuosa figura épica védica, en este nuevo e intrincado panorama se alteró hasta convertirse en un severo y cruel juez de la humanidad y posteriormente en una especie de rey de las aguas.

Indrá, con merma de categoría, continúo siendo una divinidad guerrera y, a pesar de ser inferior a la trimurti, fue el señor de los dioses y del cielo.

Vâyu, deidad del viento, no se prestaba al antropomorfismo por ser invisible y no consiguió apenas notoriedad; por el contrario, su hijo Hanuman, jefe del ejército de monos aliado de Râma (séptimo avatar del dios Vishnu y protagonista del Râmâyana) gozo de gran popularidad.

Agni mantuvo su antiguo prestigio y se dijo de él que había sido creado por Brahma; se le otorgó el viento por cochero y el humo por bandera. Como personificación del fuego, vivía entre los hombres y su sabiduría no tenia límites.

En la actualidad, Ganesha es una de las deidades que goza de mayor popularidad. Se le representa rechoncho, de abdomen prominente, de piel amarilla y cabeza de elefante; su cabalgadura es un ratón.

El panteón indio está lleno de seres sobrenaturales, maléficos y benévolos y poderosos; asuras, nagas, gandharvas, apsaras y toda una serie de entidades demoníacas, de almas en pena, de genios, de seres humanos divinizados. A los animales, a las plantas, a los parajes naturales, a los ríos, a los objetos, a las abstracciones y poderes personificados se les concede a menudo un carácter sagrado. Desde la perspectiva hindú no hay una gran diferencia entre el hombre y el animal; uno y otro son envoltorios físicos de un alma en migración constante.