Samkhya y yoga

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Estamos ante un sistema realista, dualista y pluralista.

Realismo porque reconoce la realidad del mundo externo.

Dualismo porque sostiene que hay dos realidades fundamentales distintas, a saber, el espíritu y la materia.

Pluralismo porque cree en una pluralidad de espíritus.

El Samkhya clásico es ateo. En el sistema Yoga, que está estrechamente vinculado al Samkhya, es donde se introduce la creencia en Dios.
La fundación del Samkhya se atribuye a Kapila y el texto autorizado más antiguo es el Sâmkhya- kârika, atribuido a Isvarakrishna (siglo IV). A partir de una cierta época el sistema Samkhya fue combinado con el sistema Yoga, siendo muy común presentarlos bajo la denominación de Sâmkhya-Yoga.
La base doctrinal del Samkhya es la distinción entre dos elementos básicos en el universo llamados prakriti y purusha. Suele traducirse el primero por “materia” y el segundo por “espíritu” o por “alma”.

La materia “prakriti” es activa (lo que constantemente cambia y evoluciona), no consciente y una.

El espíritu “purusha” es consciente, inactivo, inmutable y puro.

Los espíritus son diversos. La evolución de la naturaleza se explica por la variante distribución de sus tres cualidades (gunas) intrínsecas: la calidad de la luz y el bien (sattva); la cualidad de la oscuridad y la inercia (tamas), la cualidad de la pasión y la energía (rajas).
La liberación se obtiene con el conocimiento de la distinción entre prakriti purusha, con lo que el alma se desliga de la naturaleza, se transforma en una mera espectadora y ya no vuelve a renacer. Las disciplinas que deben seguirse para obtener la liberación se enseñan en el Yoga.
Por su parte, el Yoga representa en muchos aspectos el lado práctico del sistema Samkhya. Sobre la base de los puntos capitales de la escuela Samkhya, el Yoga elabora con gran detalle los medios fisiológicos y psíquicos de que el practicante debe valerse con el fin de alcanzarla.
Hacia el 200 a. C surgió el yoga clásico. Fue codificado en los Yoga-sûtras (aforismos del Yoga) por Patañjali, estos enumeran ocho angas o “miembros”, que son las ocho modalidades prácticas que el meditador deberá adoptar, progresiva y sucesivamente, que le permitirán alcanzar la concentración del espíritu;

1. Yama, consistente en cinco preceptos morales:

2. Niyama, práctica de una serie de disciplinas psicofísicas.

3. Asana; la postura que se adopta durante la práctica.

4. Prânâyâma, control y desarrollo del aliento.

5. Prâtyâhâra, retracción de los sentidos.

6. Dhâranâ, fijación de la atención sobre un objeto cualquiera, real o ficticio, exterior o interior.

7. Dhyana, Cuando el practicante consigue concentrar su atención sin esfuerzo durante un largo periodo de tiempo, sucede, espontáneamente, una importante transformación de la conciencia.

8. Samâdhi, resultado último y la culminación de todos los esfuerzos y técnicas espirituales del meditador.

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