Samyama - Dharana - Dhyana - Samadhy

Temario >> Meditación >> Samyama – Dharana – Dhyana – Samadhy
El objetivo del Samyama es el de potenciar la mente, canalizando las energías en pro de la expansión de la conciencia. Los tres estados que se van a describir a continuación, dharana, dhyana y samadhi constituyen el samyama.

Etimológicamente sam quiere decir perfecto, total y yama significa control o dominio. Según esto samyama se traduce por el completo control de todos los procesos de pensamiento o el dominio perfecto de la mente.

Por medio de la fusión de las tres etapas enumeradas se obtiene el samyama.

La percepción comienza siendo dual, para después unificarse y posteriormente perder la conciencia personal, dejando traslucir la luz de una conciencia superior o realidad esencial.

Naturalmente, todo este proceso se irá manifestando tras una correcta y sistemática práctica y tendrá lugar por medio de aproximaciones o logros progresivos.

La atención dirigida hacia la respiración, ciertos pasajes psíquicos o diversos centros permiten a la vez, desconectar del exterior y agudizar la mente preparando la concentración (dharana). A medida que el practicante va desarrollando y aumentando la concentración (dhyana y samadhi), su mente se fortalece, y todos los problemas psicomentales, causantes de la infelicidad, tienden a desaparecer. Percibe el grato sentimiento de que su mente está a su servicio, coopera con él. Supera así el hecho de depender de ella, porque la va unificando. Al mismo tiempo su conciencia se libera y transforma; se dice entonces que el hombre despierta espiritualmente.

Dharana (Concentración)

Dharana consiste en fijar la atención en un solo punto u objeto, con exclusión de todo lo demás. La mente debe mantenerse en el objeto de concentración, por ello supone un intenso esfuerzo. Todas las energías mentales y la conciencia, como un rayo láser, están dirigidas hacia el mismo y único punto.

Al principio la concentración se limita a períodos cortos de tiempo, que se irán alargando progresivamente en función de la práctica. Una fase previa consiste en mantener la conciencia en dos o más elementos con una relativa alternancia, lo que restringe la dispersión mental y suaviza el esfuerzo.

El punto, objeto o símbolo es el lugar base de la conciencia, el contenido único que debe perdurar. Éste puede ser más o menos sutil: una idea, una forma, un sonido, o cualquier otro elemento, lo que se conoce como pratyaya. Dharana se caracteriza por la fijación del objeto elegido con interrupciones que surgen a lo largo del proceso, debido a sonidos externos o por la eclosión de pensamientos diversos en la mente. Luego incluye la fijación de la conciencia, pero con rupturas o distracciones intermitentes en su desarrollo.

Para que este proceso de dharana tenga éxito es indispensable la estabilidad corporal. El cuerpo debe permanecer inmóvil e inalterable como una estatua de piedra. En caso de notar dificultad en la concentración, reafirmar y consolidar la posición del cuerpo.

Como ya apuntamos anteriormente, el objetivo de dharana y fases sucesivas es potenciar la mente y como consecuencia de ello intensificar la percepción. De esta manera se abre el acceso a estados de conciencia no habituales, que van a permitir el desarrollo de todo el poder creativo y de comprensión en el hombre. El conocimiento de su dimensión interior le hace consciente del gran potencial existente en él y a utilizarlo.

Dhyana (Concentración ininterrumpida)

Mientras que en dharana la fijación en el símbolo es intermitente, es decir hay períodos de concentración que alternan con otros de dispersión de la mente, en dhyana el flujo de pensamiento en el objeto de concentración es ininterrumpido. Al mismo tiempo la noción de que estoy practicando la concentración sin interrupción acompaña al acto de fijación. Concentración continuada en el símbolo y conciencia de que estoy concentrado en ello.

En dhyana el nivel de energía mental asciende experimentándose un estado especial de conciencia. Se dice entonces, que el practicante se ve inundado por la Gracia.

Samadhy

Hemos visto como en dharana la conciencia del objeto se interrumpe intermitentemente y en dhyana estas interrupciones ya no tienen lugar y el flujo de conciencia es continuo, con la percepción de que uno está inmerso en el proceso. En samadhi el flujo continuo de conciencia se agudiza y la percepción de que uno está practicando desaparece. Sólo el objeto de meditación brilla y aumenta su nitidez, mientras que el practicante deja de ser consciente de su propia existencia. De esta manera profundiza en los estados de samadhi, vacíos llenos de una infinita presencia.
Logo final de página