Pratyahara

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El estudio y práctica de Pranayama prepara el camino de lo que trataremos como técnicas de interiorización, Pratyahara. La mente se sitúa entre dos dimensiones, dos aspectos del ser. La dimensión exterior, hacia la cual se ve proyectada por medio de los órganos sensoriales, y la dimensión interior o estado de conciencia perfecto, que también ejerce una atracción en ella. Cuando la mente vibra todavía de una forma grosera, densa, el hombre se encuentra seducido por los factores externos no percibiendo la llamada interior que debe complementarle. De esta manera, sin ni siquiera ser consciente de ello, su atención se ve cautivada por los objetos exteriores, los deseos por ellos se intensifican, y el hombre pierde así el recuerdo de su otra dimensión, que sólo a partir de un estado de calma y disponibilidad podrá descubrir. En la mayoría de los casos la frustración aparece por la falta de expresión y desarrollo del referido componente interior.

Cuando el practicante se desconecta de los órganos sensoriales, pratyahara, evitando así la recepción de estímulos externos, su trabajo interior comienza.

Va a verse asediado por un sinfín de impresiones o procesos mentales, procedentes de vivencias, experiencias, que deberá afrontar y trascender. Las técnicas de interiorización tienen como finalidad la limpieza de todos los procesos mentales, bien sea por la observación sin represión de éstos, lo que debilita dichos procesos, o bien por prácticas que unificando la fuerza mental contrarrestan su intensidad, anulándolos.
Práctica:

Dada la importancia vital de la respiración y cómo ella influye en el estado de la mente, vamos a utilizar el proceso respiratorio como fidedigno soporte para la interiorización.

Iremos tratando de localizar la respiración en diferentes puntos con objeto de focalizar más la atención y evitar el vagabundeo mental.

Posición sentada, firme y estable.

Referirse a las ya explicadas. Los ojos, cerrados. Recordemos que la rectitud vertebral es indispensable para mantener la atención, además de facilitar la respiración y la libre circulación de las energías. Eliminar todas las tensiones corporales y mentales.

Al principio no intentar concentrarse. Tratar de practicar percepción y no concentración, pues mientras la percepción es espontánea, la concentración implica un esfuerzo.

Adoptada la posición, tomar conciencia del cuerpo y de su quietud.

Quietud consciente... 2 minutos.

Percepción de la respiración natural manteniendo la conciencia en ella. Uno debe estar presente en la inspiración y en la espiración. "Yo inspiro, yo espiro"... 2 minutos.

Esta respiración natural vamos a hacerla consciente en diferentes puntos, lo que definiremos como atención mantenida o concentración activa. En primer lugar, en la nariz (1), orificios y conductos nasales. Percibir el paso del aire al entrar y al salir... Aproximadamente unos 2 minutos.

Trasladar el lugar de percepción de la respiración a la garganta (2). Sentir el paso por ella. Al inspirar y al espirar... (2 minutos).

Hacerlo ahora en el ombligo (3). Centrar la atención percibiendo en él la respiración.... (2 minutos).

Vamos a conjugar la atención en estos tres puntos siguiendo la trayectoria respiratoria (4). El paso del aire por la nariz, garganta, y su manifestación en la zona umbilical. Y en sentido contrario al espirar. Practicar así varias respiraciones...

Después de todo esto, centrar la atención a nivel frontal (5) y mantenerse en observación consciente...

Este proceso de atención mantenida prepara la concentración, es decir, la fijación en un solo centro u objeto, que será nuestro próximo estudio.

Efectos:

Reduce las tensiones corporales.

Relaja el sistema nervioso.

Disminuye la ansiedad.

Calma y reconforta la mente.

Prepara la concentración.